Viernes, 24 de Mayo de 2013
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Ana nos cuenta que en casa de sus padres se llegaron a matar cinco cerdos en un año durante la guerra, porque habÃa mucha gente pasando hambre. HabÃa que matarlos a escondidas y los repartÃan entre la gente que no tenÃa para comer. Recuerda que para protegerse de los bombardeos, su padre hizo un refugio, donde se escondÃa con su hermano pequeño, que estaba enfermo y no podÃa caminar. Su primer recuerdo de la guerra son las bombas que cayeron sobre Cartagena. Su hermano estuvo en la guerra y más tarde le llevaron preso a la cárcel de Albacete. Ana recuerda las miserias de la guerra, el hambre y las necesidades que sufrieron los españoles.
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Camil explica el bombardeo que hubo en la Palza de Sant Felip Neri de Barcelona, en el que murieron 42 personas. Camil tenÃa 7 años cuando sucedió y recuerda que la gente corrÃa por las calles. Describe el ruido estridente de las sirenas y los refugios. En aquella época, Barcelona sufrió muchos bombardeos y los franquistas desfilaban a sus anchas por la ciudad. Fue una época muy triste porque muchas familias perdieron seres queridos.
José nos plasma la realidad de la guerra y sus consecuencias posteriores. Nos relata las persecuciones, los refugios y la gran cantidad de ejecuciones que se produjeron por intereses polÃticos.
Vicente narra la crudeza de la guerra y la represión que sufrieron muchas personas que debÃan esconderse. Narra otros hechos vinculados con los sindicatos.
Raimundo cuenta su trabajo en los refugios del cerrillo de San AgustÃn en Cuenca, en la zona roja, donde la gente se refugiaba de los bombardeos de la aviación nacional. Al terminar la guerra marchó al ejército y muchos de sus compañeros fueron llevados a campos de concentración por la junta clasificadora del ejército nacional.
Asunción recuerda como su marido, al ser guardia nacional, fue perseguido por el ejército de los rojos y tuvo que esconderse, primero en casa y luego en el monte, hasta que terminó la guerra. Ella fue continuamente acosada e interrogada por los rojos en el sótano de su casa. Al finalizar la guerra, su marido continuó como guardia civil y llegó a ascender a cabo.
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