Martes, 7 de Setiembre de 2010
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Eugeni se fue a vivir a Palamós con 8 años. Su vida ha sido el mar. Tiene una barca que se llama Miquel Bertrán porque ya llevaba este nombre cuando se la compró, le gustó. Y no lo quiso cambiar. Cuando él empezó a pescar salían a las seis de la mañana y volvían a las seis de la tarde. Eugeni nos cuenta los diferentes sistemas de pesca según el pescado que quieras. Dice que cuando se llega a tierra firme se hace la subasta del material pescado. Comenta que debajo del mar no sabes que te puedes encontrar.
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Chelo pasó su infancia en una aldea. Allí estudió de niña pero tuvo que dejar los estudios para trabajar en el campo con su familia. Habla de las fiestas, el grupo de amigos y el noviazgo con su posterior marido. Marcharon a A Coruña, donde trabajaron en un comercio de ultramarinos y vivieron junto con otras familias en una misma vivienda. Pese a que no pasaron hambre cuenta las miserias que la gente pasaba en general.
Pep nos habla de su etapa profesional como educador social durante los años 80, cuando estuvo en contacto con jóvenes con alto riesgo de exclusión social. Su testimonio nos deja varias anécdotas interesantes y nos expone su visión de una problemática social con la que está muy sensibilizado.
Eugenia y su familia emigraron a Barcelona. Allí vivieron durante trece años en una barraca sin agua corriente. Bañaba a los niños en un barreño con agua que iba a buscar y que calentaba al sol. Al principio le costó acostumbrarse a la gran ciudad.
Dolores llegó a Madrid con 16 años y a los tres meses conoció a su futuro marido. Ella trabajó de doncella en una casa hasta que su pareja acabó la mili y se casaron. Recuerda que se compraron un terreno a las afueras de Puente de Vallecas y tenían que construir su casa por las noches ya que se trataba de terrenos verdes donde no estaba permitido edificar. Durante el día, la Guardia Civil vigilaba la zona y si veía a alguien construyendo les tiraban la obra al suelo. Por ello, Dolores y su marido daban algo de dinero a los guardias y así hacían la vista gorda. Además, entre los vecinos se ayudaban y se avisaban si aparecía la autoridad para meterse en sus casas y evitar el derribo. Al principio no tenían ni agua ni luz, pero fueron mejorando. Años después, cuando quisieron tirar las casas les indemnizaron. A su hermano le dieron un piso y a ella y a su marido, que ya no vivían allí, les pagaron un millón de euros.
Salvador vivió en el barrio del Poble Sec de Barcelona hasta que se casó, con 24 años. En su testimonio, nos cuenta aspectos de su infancia relacionados con las condiciones en las que vivía y la convivencia con los inmigrantes que llegaban al barrio. La mayoría de ellos eran gitanos y, según nos dice Salvador, vivían en barracas y estaban rodeados de suciedad. Sin embargo, eran los más resistentes a las enfermedades y nunca se ponían enfermos. Salvador tiene una buena opinión de ellos y se muestra orgulloso de que de su barrio hayan salido gitanos famosos como "La Chunga".
2010
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