Viernes, 10 de Setiembre de 2010
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En su relato, Rosa nos habla de la presión que recibió su padre por parte de los republicanos y de los falangistas. Durante la República, aunque su padre comulgaba con los ideales del gobierno, no creía que los métodos sanguinarios sirvieran para mejorar las cosas. Nos comenta que cuando murió la abuela de Rosa, él quiso ponerle un rosario que una de sus hijas le había regalado y los republicanos se negaron. El padre de Rosa no toleró que esos hombres no aceptaran la última voluntad de una difunta. Además, cuando estalló la guerra, los republicanos quemaron símbolos religiosos y él se negó a que quemaran un Cristo de la capilla del cementerio de Sabadell. No veía con buenos ojos el anticlericalismo llevado al extremo. Después de luchar con los republicanos en el frente durante la Guerra Civil, decidió volver a casa y no marchar al exilio. Esta vez, la presión vino de la mano de los falangistas, que interrogaron a todos los vecinos. Afortunadamente, ninguno de ellos habló mal del padre de Agustina.
Josefa tenía 10 años cuando empezó la Guerra Civil. Días antes de empezar la guerra, la junta municipal de Nador amenazó al padre de Josefa por ser una persona muy creyente y amante de la Iglesia y por llevar a sus hijas a una escuela de monjas. El padre de Josefa se excusó alegando que llevaba a sus hijas a las monjas porque la escuela nacional no tenía parvulario. Poco después se produjo el alzamiento que, según Josefa, les salvó de la muerte ya que la junta municipal había preparado unas listas de fusilamiento en la que se encontraban todas las personas creyentes. Entre ellas, estaban Josefa y su familia. Nos comenta que ella fue una de las niñas de la guerra y que con la Falange aprendió a amar a la patria y la naturaleza.
Josefa nos cuenta cómo mataron al primo de su padre, que era párroco de un pueblo. Vivía con su madre y había heredado terrenos de su padre. Decidió poner un comedor parroquial con los frutos que le dieran las tierras. Allí, acogía a todo aquel que no tuviera donde comer. Josefa nos cuenta que el párroco acabó muerto a manos de un republicano que llevaba a su hijo al comedor. Este es uno de los motivos por los cuales Josefa no guarda buen recuerdo de los rojos.
Dolors nos habla de sus vivencias durante la Guerra Civil. En su relato, recuerda que su pueblo estaba bajo control de las autoridades republicanas. Muchas familias católicas, así como gente de iglesia, se habían escondido en el bosque cercano al pueblo por miedo a ser encontrados por los rojos, que manifestaban su recelo y antipatía a la religión cristiana y que ya habían matado a algún creyente. Dolors recuerda que solía recibir visitas de niños muy pequeños que iban a su casa a pedir comida para llevarla a las familias que dormían en el bosque. Nos comenta que muchos de ellos casi no sabían hablar y decían tirina en vez de harina. Siempre intentaban proveerlos de alimentos para que no pasaran hambre. Tenían que ir con cuidado a no ser descubiertos por los republicanos. Nos cuenta que en una ocasión estuvieron a punto de pillar a una vecina que volvía del bosque de llevar caldo.
Carmen nos cuenta las causas del alzamiento militar que causó la Guerra Civil. Cinco meses después de la proclamación de un gobierno de izquierdas, el ambiente del país era muy tenso. Por un lado, los republicanos se desencantaban al no ver cumplidas las promesas del Estado. Carmen comenta que los trabajadores estaban mal tratados y no tenían ni voz ni voto. A su vez, las derechas no asimilaban su derrota y no se veían capaces de esperar cuatro años hasta poder celebrar unas nuevas elecciones. Mientras, la Segunda República se hundía y el 17 de julio el bando conservador, con la unión de los militares y la iglesia, proclamó un alzamiento militar. Los trabajadores respondieron adquiriendo armas y haciendo disparates sin ningún tipo de orden. La revolución estallaba y, en Catalunya, el Presidente Companys no pudo dominar la situación. Carmen nos cuenta que su padre murió a causa del alzamiento. Pertenecía a un Centro Católico del barrio barcelonés de Gracia. Al no encontrar al sacerdote del barrio, la FAI fue a buscarlo y lo mató. Una vez finalizada la Guerra Civil, cada día sacaban a 100 personas de la prisión de la Modelo y los mataban. Carmen afirma que aquellas barbaridades eran la señal de la rabia que se respiraba en el bando vencedor y en el vencido.
Preciosa nos cuenta que su padre fue herido durante la Guerra Civil y que se salvó gracias a que se ofreció a la Virgen de Belén. Desde aquel momento fue todos los años de peregrinación por haberlo salvado. Le tenía mucha devoción a la Virgen.
Con 12 años, Cecilia dejó el colegio. Empezó a trabajar de aprendiz en una casa de costura pero sin cobrar nada. Los domingos tenía que ir a misa porque en el colegio se pasaba lista. Hizo la comunión con un vestido blanco que le prestaron.
Mercedes cuenta como su padre escondió una imágen de Nuestro Padre Jesús de Nazareno durante la Guerra Civil para evitar que lo quemaran los republicanos. Cuando terminó la guerra, su padre, que era carpintero, fabricó un cirio que permitió alumbrarles ante la falta de luz.
Teresa recuerda la procesión de la Niña María de su pueblo, Sanlúcar de Barrameda. Era un procesión que salía de su colegio de monjas, y a la que las niñas acompañaban vestidas de comunión.
Durante la quema de iglesias de Sitges, la madre de Núria encontró una imagen de Cristo que aun conserva, la guarda cómo recuerdo de ella y de todo lo que pasó durante la Guerra Civil Española. Además, siempre lleva encima unas monedas republicanas de su padre, él murió cuando ella tenía cuatro años y llevarlas, le ayuda a recordarlo. También explica que es católica pero, para Núria, la religión es algo que se puede profesar sin necesidad de ir a la iglesia.
2010
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